Visitas

jueves, 27 de octubre de 2016

Tu llanto

Cuando aun no sabíamos de tu diagnóstico, una de las cosas que nos llamaba la atención eran tus pataletas.

Te enojabas, comenzabas a llorar sin parar, por mucho rato, sin darnos ni siquiera la mas mínima oportunidad de consolarte. A veces este llanto se acompañaba de gritos, fuertes, constantes, a veces te golpeabas tu cabeza en la pared.
Entonces aprendí que lo primero que debía hacer era protegerte, impedir que te dañaras, daba lo mismo si seguías llorando.
Una vez tenías que bailar en el jardín, te llevamos, te vestí y te entregué a las educadoras para el último ensayo. De repente escuché: "La mamá de Fernando". Estabas en brazos de la tía, medio dormido, no habías querido ensayar, te tiraste al suelo y la tía pensó que lo mejor era llevarte donde mí.
Comenzaste a llorar, salimos de ahí, me llené de pena, de frustración, de rabia. Era el tercer año que pasábamos por lo mismo y no sabía si algún día sería diferente.
Nos subimos al auto y comenzaste a llorar, despacito, pero sin parar, de a poco fuiste aumentando la intensidad hasta gritar. No parabas. Lo medí. 45 minutos. Casi una hora llorando sin parar, sin dejarme consolarte, sin poder acercarme a lo que estabas sintiendo.

Luego, en la medida que ha ido creciendo nuestro apego no habías vuelto a tener estas crisis de llanto, las había olvidado, hasta hoy.

Fuimos a buscar tu disfraz a la tienda, me bajé del auto y tu quedaste con papá, no quise bajarte, hacía calor, había mucho tráfico y el tramite era cortito. Craso error. Querías bajar conmigo, y comenzaste a llorar. Cuando volví al auto estabas desconsolado, pregunté que te pasaba pero no hubo respuestas, papá me dijo que era porque yo había bajado sin llevarte.

Nos bajamos te abracé, ahora puedo hacerlo, te acurrucaste en mi, pero aun así seguiste llorando. Pero esta vez fue diferente, no era una pataleta, era llanto, era pena, habían lágrimas.

Te acuné, me cuesta porque estás grande y yo soy pequeña, tu papá hizo lo mismo, te ofrecimos ir a un café, tu mejor panorama, y nada.

Finalmente, papá bajó tu disfraz y te lo mostró, eso te calmó.

Tus ojitos estaban hinchados y tu nariz roja como un tomate.

Esta vez fue distinto, y esta vez no me asusté, no me frustré, esta vez me apenó verte llorar, pero entiendo que es tu forma de expresarte y que a medida que vayas creciendo aprenderás a demostrar tus emociones de otras formas.. o tal vez no, tal vez serás llorón siempre, como yo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario