A fines del 2015 la pediatra de Fernando nos pidió una radiografía de Cavum. El examen dio cuenta de que sus adenoides ocupaban un gran porcentaje del espacio por el que debía respirar, dificultando este proceso.
La recomendación era operar, pero preferimos esperar para tener el tiempo adecuado para acompañarlo y además con la esperanza de que sus adenoides redujeran su tamaño naturalmente. Por lo menos así había ocurrido con mis hijos mayores.
A fines de 2016 repetimos el examen, el tamaño de las adenoides no se había reducido, por lo que decidimos llevarlo a un otorrino que revisó sus radiografías, lo examinó y recomendó operar. Sin urgencia. Lo programamos para febrero de 2017.
Una semana antes de la intervención comencé a anticiparlo.
Le hablé de la clínica, de que tendría que quedarse ahí parte del día, pero nosotros lo acompañaríamos en todo momento, de que era necesario para que el doctor le sacara "todos los bichos que tenía en la nariz y que a veces no lo dejaban respirar bien". Esto último le hizo sentido, porque aunque él se enferma muy poco, solía estar congestionado y eso lo incomodaba.
El día anterior a la operación fuimos a la clínica a llenar los papeles administrativos, le mostré el lugar. No estaba asustado. Nunca lo han asustado los doctores ni los procedimientos médicos.
El día en cuestión nos levantamos de madrugada, nos citaron a las 7:30, en ayunas. Todos ayunamos.
Llegamos a la clínica y a las 8:30 hrs, lo internaron, en una sala compartida porque la operación, programada para las 11:00 hrs. era ambulatoria. En seguida vino una enfermera a medirlo, pesarlo, medir su temperatura y la presión y nos entregó su bata. Todo perfecto. Me preguntaron detalles, y aproveché de comentarles de su condición.
A las 10:30 hrs. lo fueron a buscar para llevarlo a pabellón, lo bajaron en silla de ruedas. Toda una aventura. Dos tías, simpatiquísimas y risueñas, lo llevaron. Lo hicieron reír, relajarse. A mí también. Las adoré. Bajamos los 4 por el ascensor. Mario y Sebastian, su tío padrino, bajaron por las escaleras.
Llegamos y me permitieron entrar con él a una sala de espera dentro del pabellón. Ahí tuve que ponerle un gorro y esperar. Se empezó a asustar, asi que le pregunté que podíamos hacer para tranquilizarse. Me respondió, sumar! Y eso hicimos. Cuánto es 2 mas 2? Cuánto es 2 mas 3? ... Cuánto es 2 más 8? No quiso jugar más. Estaba asustado. Le dije que debía darle una misión. Que a mi no me dejarían entrar donde el doctor por eso él debía darle un mensaje.
"Doctor, tienes que sacarme todos, todos los bichos que tengo en mi nariz"
Lo memorizó e hicimos un trato, debía estar tranquilo para dar el mensaje.
Eso lo mantendría preocupado de su misión y sin pensar en su temor.
Y lo vinieron a buscar. La enfermera lo tomó en brazos, me preguntó una vez más si era alérgico a algo, le dije que no, pero le dije que tenía Autismo de alto funcionamiento, que si le explicaban detalladamente que harían se mantendría tranquilo.
Mientras se lo llevaban le dije que lo amaba y que no olvidara darle el mensaje al doctor. Se fue llorando, calladito, abrazado a la enfermera. Pequeñas lágrimas caían por sus mejillas.
Salí de pabellón, sintiéndome culpable, sintiendo que lo estaba abandonando, sintiendo que debieron haberme permitido estar con él hasta que se durmiera. Mario estaba afuera, mas inquieto que yo. Nos abrazamos, y a esperar.
Al cabo de media hora salió la enfermera y preguntó cual de nosotros pasaría a recuperación. Yo, por supuesto. Entré y estaba mi Fernando en una camilla llorando. Adormilado, desorientado, enojado. Lloraba fuerte, a veces a gritos, a veces sollozando. Se movía, se levantaba, se daba vueltas en la cama y tosía. Me gritaba. La enfermera comentó que todo había salido muy bien y que en un ratito más lo pasarían a sala.
Lo abracé y le susurré que estaba ahí, se levantó, me abrazó y me pedía que nos fuéramos, me reclamaba que lo hubiera dejado solo, que tenía miedo. Tosía y lloraba. No hubo sangre, ni ahogos. Solo penita, pero se fue pasando.
Nos llevaron a sala y ahí estaba Mario esperando. Iba con una vía con suero y medicamento, no le molestaba. Abrazó a Mario cuando lo vio.
Entonces se acostó y Mario se acostó
tras él abrazándolo.
Se calmó. No hubo mas llanto, en todo lo que quedó del día.
Se acabó el suero, se comió todo el helado que le dieron, fue al baño a hacer pipí y estuvo toda la tarde de buen animo. Solo quedaba esperar el alta médica.
Hoy se cumplieron 10 días desde que operaron a Fernando y no ha tenido ningún problema postoperatorio, pero despertó asustado y me dijo "Mamá, estaba soñando que me operaron y tu me dejaste solo no me acompañaste" Para que disculparme, para que explicarle que no podía quedarme con él.
Mejor quise saber que recordaba de ese momento que yo no viví.
Fernando, me cuentas que pasó ese día cuando te llevaron donde el doctor?
"Me puse a llorar, me sentaron en una cama y me pusieron una mascara y me quedé dormido y después desperté llorando y tú no estabas ahí"
Pero yo entré a verte.
"Sí, pero después"
Y le dijiste al doctor el mensaje?
"No, mamá, lo olvidé. Me habrá sacado los bichos?"
Si hijo, seguro que lo hizo.

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