Unos minutos antes había tomado una foto a Fernando porque me llamó la atención que estuviera comiendo su helado con la mano derecha. El es zurdo.
Estábamos con mi hermana Susan, su esposo Eric y mis sobrinos Nevenka, Constanza y Francisco.
Le comenté a Susan lo de la mano de Fernando, nos reímos.
Eric pagó la cuenta y solo esperábamos que Fernando terminará lo ultimo de helado que le quedaba.
De repente un gran ruido, como si una gran locomotora fuera pasando junto a nosotros.
Era un temblor.
El movimiento inicial fue suave y horizontal.
No me asusté, no les tengo miedo.
Miré a Fernando, seguía comiendo, tampoco se asustó.
Le dije, Fernando está temblando e instintivamente tomé su mano, entonces vino un gran remezón, distinto al anterior, el movimiento era de arriba a bajo, ondulatorio.
Comenzaron a caer cosas de las estanterías, ésto sumado al ruido subterráneo y a los gritos de la gente, se escuchaba muy mal.
Me paré y traje a Fernando conmigo, comenzamos a caminar hacia una zona segura.
Le dije que estuviera tranquilo.
Si mamá, me contestó.
Llegamos al lugar con dificultad, había personas llorando.
El movimiento había parado, pero entonces vino lo peor, comenzaron a sonar las alarmas de tsunami.
Para mi, que estoy acostumbrada a los simulacros, me parecía que era solo uno más, pero mucha gente a mi alrededor comenzó a gritar, a llorar y a correr.
Me agaché y abracé a Fernando para darle seguridad, entonces mi cuñado me dijo que este no había sido un temblor, que era un terremoto y debíamos correr a zonas altas.
Miré hacia el mar, solo vi oscuridad.
Miré hacia los cerros, solo vi edificios.
Pensé que si intentábamos correr hacia la ciudad no lo lograríamos. Hemos hecho ese camino a pie y nos hemos demorado mas de 40 minutos; con Fernando y a oscuras sería mucho más.
Decidimos volver al departamento de mi hermana, ubicado frente al mar en un piso 10, estábamos a casi 7 cuadras de ahí.
Me agaché otra vez, miré a Fernando a la cara, la tomé con mis manos, logré contacto visual y le dije:
Fernando, hubo un terremoto, debemos correr hasta el edificio de la tía Susan y subir al departamento lo mas pronto posible. Tendremos que subir por las escaleras. No podemos parar porque hay alarma de tsunami.
Bien mamá, me contestó.
Mucha gente corría en nuestra misma dirección.
Por la avenida iban autos en ambas direcciones, algunos muy rápido, uno tras otro, sin cuidado. Mucha gente seguía gritando o llorando.
Las alarmas de tsunami en los celulares no paraban.
Miré mi teléfono y había señal, decidí llamar a Mario para decirle que estábamos bien y para que me confirmará lo del tsunami. Me confirmó, debíamos llegar a zona segura.
Le dije que lo amábamos y corté.
Fernando seguía tomado de mi mano, seguíamos corriendo. Yo estaba cansada.
Mamá, sigamos, debemos lograrlo, me dijo.
Llegamos al edificio, entramos y corrimos hacia las escaleras.
Subimos los 10 pisos sin darnos cuenta.
Cuando llegamos arriba respiré con calma, ya estábamos seguros.
Las alarmas de tsunami seguían llegando a los celulares.

Entramos al departamento, a la pieza, a abrigarnos, entonces la vi.
En su mano derecha Fernando tenía la cuchara con la que estaba comiendo el helado. Sonreí.
Le dije, Fernando, mira tu mano. Se asombró, nos reímos.
Luego le conté a los demás, todos terminamos riendo.
La alarma de tsunami fue descartada, ya estábamos a salvo.
El temblor tuvo una magnitud de 6,7 en escala de Richter, pero 8,0 en escala de Mercalli.
En ese momento no sentí miedo del movimiento, si del mar.
Fernando nunca tuvo miedo, uno de sus intereses restringidos son los terremotos y los tsunamis.
Hace años empezó a ver vídeos en youtube y en algunas aplicaciones, que le enseñan que se debe hacer en estas situaciones, por eso se mantuvo en calma y siguió mis instrucciones.
Llegamos a Antofagasta y le mostramos la cuchara a Mario.
Fernando le pidió que viajemos de vuelta a La Serena a devolverla, porque se la llevó por error.
Lo haremos!


