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sábado, 25 de marzo de 2023

Fines de Semana

A Fernando no le gustaba salir de casa, no le gustaba estar con mucha gente.

En la sala sus compañeros, en los cumpleaños los invitados, eran incomodos para él.

Salir a un café, a un restaurante, a un parque o a un mall, no eran el mejor panorama.

Por eso creé la Ruta del Café, actividad que hacíamos solo los dos, cada jueves de la semana, y que nos llevaba a conocer un nuevo café de Antofagasta, en el que debía lidiar con un nuevo lugar, nuevas personas y un menú diferente. 

Fue un desafío y se acostumbró. Hasta hoy la mantenemos.

Pero se vino la pandemia y su mundo se volvió perfecto, teníamos que estar encerrados en casa. 

Mientras las familias celebraban que las personas en espectro autista tenían un permiso especial para salir, yo le rogaba que lo usáramos, por lo menos para ir a pasear por la playa y respirar algo de aire puro.

Mi miedo era que se acostumbrara tanto al encierro de su habitación, a la compañía de su celular y que el mundo exterior después ya no le importara.

Mario y yo somos buenos para viajar, para escaparnos por el fin de semana a lugares cercanos, lo hacíamos siempre desde que nos conocimos en San Pedro de Atacama, hasta que nació Fernando. 

Así que retomamos. 

Comenzamos por planificar estas "escapadas por el fin de" para ir a Taltal, a San Pedro de Atacama, a Santiago y Mejillones. A veces lo hacíamos para Hablar de Autismo, así agregamos a Calama y Tocopilla.

¿Es cansador? No, para nada. Nos carga de energía.

¿Qué mejor panorama que viajar los tres, compartir ese momento de ida y vuelta, especialmente si vamos por tierra, sin internet en los celulares, solo con buena música y entretenidas conversaciones?


La estrategia es organizar el viaje con tiempo, entre los tres, buscar un lugar distinto donde quedarnos, preparar juntos el equipaje y decidirnos a disfrutar.

En lugares nuevos retomamos nuestra Ruta del Café, aunque no sea jueves, nos fotografiamos y dejamos estas imágenes en nuestros recuerdos y el álbum creado en Facebook. 

Es un desafío familiar, hermoso.

También visitamos lugares turísticos, para que los conozca y los atesore en sus recuerdos.

Nuestros viajes son con calma, nos tomamos todo el tiempo que sea posible, nos detenemos las veces que sea necesario, nos bajamos, respiramos, nos tomamos un té o un café y luego seguimos. 

Mario y yo manejamos, nos vamos cambiando de acuerdo a la ruta, ya lo tenemos conscientemente programado. 

Nunca ha sido importante llegar en el menor tiempo posible, lo importante es llegar y aprovechar estos momentos para tres.

Hablar de la vida, de la suya, de la nuestra, de nuestros trabajos, de su escuela, de sus amigos, de lo que ha hecho, de lo que ha aprendido, de lo que siente, de lo que quiere. 

En los viajes lo logramos, en el auto se da el espacio y el ambiente preciso.

Al llegar a destino Fernando tiene una rutina, revisa el lugar, lo que hay, lo que podemos usar y nos lo detalla. Conocer el espacio es importante, elimina la incertidumbre. Abre cada puerta y mira, y atrapa en su memoria hasta el más mínimo detalle, camas, baños, clave de wifi, entre otros.

Cuando nos vamos vuelve a revisar, esta vez para evitar que algo se nos quede, rutina aprendida también.


El retorno a casa es el espacio para compartir lo que vivimos, lo que conocimos, los sentimientos, las aventuras, los dolores, lo que podemos repetir y lo que debemos evitar la próxima vez.

El fin de semana se torna perfecto para nuestras vidas, seguro tenemos que repetirlo.

Cada experiencia es aprendizaje para él y para su vida futura,
en la que tal vez ya no estemos.


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