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sábado, 9 de julio de 2016

El agua.. del miedo a la diversión.

Una de las grandes dificultades que tiene Fernando es su contacto con el agua.

Cuando estaba pequeñito ni siquiera era fácil lavarle la cara o las manos.
El contacto con el agua le causaba miedo. Llegué a pensar que le dolía. Por eso al lavarlo o bañarlo debíamos hacerlo con mucho cuidado.
Ni pensar en llevarlo al mar o a una piscina. Lo intentábamos, pero no entraba.




Este verano, el del 2016, lo intentamos con el mar, y lo logramos, después de muchos intentos, de estar sentados a la orilla de la playa, de mojarnos una y otra vez, de arrancar de las olas varias veces, de hacer piscinas en la arena y acarrear muchos baldes de agua, logré que se atreviera a mojarse, que empezara a disfrutar del mar y le gustó.
Al principio con miedo, luego gozándolo de verdad!


Después de eso decidimos intentar con la piscina, y buscamos una donde hubiera poca gente, para que su miedo al agua no se mezclara con su incomodidad con la gente y el ruido.


Entonces decidimos irnos a un complejo que queda en Hornitos,
un balneario ubicado al norte de nuestra ciudad.

Su primera reacción frente a la piscina fue de temor, pues era muy grande, pero después de esperar el momento preciso en que ya estaba preparado, logramos que entrara, despacito, mojándose primero, con un poquito de miedo, pero luego riendo, en los brazos de Mario.




En ambas ocasiones tuvimos buenos aliados. En la playa, las piscinas en la arena, sus baldes y las olas. En la piscina, un fideo flotador y una pequeña, Fernanda, que nadaba perfectamente y lo invitaba a nadar a él.

Finalmente, hemos tenido que trabajar con su miedo a la lluvia.
No le gusta, le molesta, le incomoda.


En Antofagasta casi no llueve, muy rara vez llovizna.
Pero cuando ha sucedido no le gusta salir a mojarse,
como le gusta a casi todos los niños, por el contrario,
se esconde.






Así que nuestro trabajo ha sido sacarlo, pasear con él y
dejar que sienta el agua cayendo en su rostro, en su cuerpo,
aunque no le guste.
La primera vez fue un fracaso, lloró mucho.








La última vez me dijo que no le gustaba,
que le molestaba, pero lo soporto y hasta se olvidó de la llovizna
mientras hacia equinoterapia.

Vamos avanzando!



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