Muchas veces he pensado que Fernando es de otro mundo.
Por qué?
Porque su personalidad es muy particular.
Porque generalmente esta absorto en sus intereses o pasiones.
Porque su lenguaje es avanzado para su edad y generalmente usa palabras rebuscadas.
Porque su pasión por las formas geométricas es sorprendente.
Porque su inglés es avanzado para su edad y nadie se lo ha enseñado.
Incluso más de una vez he comentado que Fernando "venía cargado desde arriba" o que "nació en el lado del mundo equivocado".
Hay días en que Fernando amanece distinto.. distante.
Su mutismo selectivo lo domina y cuesta mucho comunicarse con él.
Aunque yo haga un esfuerzo mayor por hablarle o pedirle que me escuche, no lo hace.
Se mantiene distraído... en la luna.
No me mira, no me escucha, no me hace caso. No permite que lo tome, llora si lo hago y grita con mayor facilidad.
Esos días son difíciles, me frustro, me duele, me asusta.
De golpe siento que el Autismo está aquí, entre nosotros, y me lleno de miedos.
Pero siempre hay un momento, un pequeño momento en que él presta atención, en que vuelve, en que puedo hablarle y preguntarle que le pasa.
Un momento en que puedo intentar averiguar qué detonó su escape, su ida del mundo... qué lo tiene lejos de mí.
Y con el tiempo he aprendido a descubrir esos momentos y he aprendido también a esperar su regreso.
Dicen que un niño con autismo no es un niño de otro mundo, que es de este mundo.
Que no es un niño de la luna, que es de esta tierra. Si, así es.
Pero para mi, Fernando es mi hijo de la Luna y aunque aun me cuesta, he aprendido a compartirlo con ella, porque cuando vuelve a mi es completamente mío y me encanta.
Porque su personalidad es muy particular.
Porque generalmente esta absorto en sus intereses o pasiones.
Porque su lenguaje es avanzado para su edad y generalmente usa palabras rebuscadas.
Porque su pasión por las formas geométricas es sorprendente.
Porque su inglés es avanzado para su edad y nadie se lo ha enseñado.
Incluso más de una vez he comentado que Fernando "venía cargado desde arriba" o que "nació en el lado del mundo equivocado".
Hay días en que Fernando amanece distinto.. distante.
Su mutismo selectivo lo domina y cuesta mucho comunicarse con él.
Aunque yo haga un esfuerzo mayor por hablarle o pedirle que me escuche, no lo hace.
Se mantiene distraído... en la luna.
No me mira, no me escucha, no me hace caso. No permite que lo tome, llora si lo hago y grita con mayor facilidad.
Esos días son difíciles, me frustro, me duele, me asusta.
De golpe siento que el Autismo está aquí, entre nosotros, y me lleno de miedos.
Pero siempre hay un momento, un pequeño momento en que él presta atención, en que vuelve, en que puedo hablarle y preguntarle que le pasa.
Un momento en que puedo intentar averiguar qué detonó su escape, su ida del mundo... qué lo tiene lejos de mí.
Y con el tiempo he aprendido a descubrir esos momentos y he aprendido también a esperar su regreso.
Dicen que un niño con autismo no es un niño de otro mundo, que es de este mundo.
Que no es un niño de la luna, que es de esta tierra. Si, así es.
Pero para mi, Fernando es mi hijo de la Luna y aunque aun me cuesta, he aprendido a compartirlo con ella, porque cuando vuelve a mi es completamente mío y me encanta.

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