Visitas

jueves, 25 de agosto de 2016

Las damas primero

Hoy íbamos saliendo de un café, nuestro café de los jueves.

Vamos con Fernando de la mano, llegamos a la puerta y Fernando para, espera. Me detengo junto a él y le pregunto que pasa y me dice:

"Mamá, las damas primero"

Y con su mano me invita a salir primero del café, antes que él.

Seguimos caminando y me dice:

"Mamá, las damas siempre deben ir primero"

"Ah si?". Le digo. "Y quien te enseñó eso?"

"Nadie, lo aprendí sólo"

Llegamos al auto. le dice a mi mami.

"Mami Maggi, tu y mi mamá primero, porque las damas son primero"

Lo Amo!!!



lunes, 22 de agosto de 2016

Rompecabezas

Desde que Fernando estaba pequeño le ha gustado armar rompecabezas.

Bueno, a mí siempre me han gustado, así que disfruto armándolos con él y creo que le traspasé el gusto.

Cuando estaba chiquitito, le compraba muchos y de diferentes motivos, y practicábamos varias cosas a la vez cuando comenzábamos a armarlos:

1. Trabajo en equipo, lo hacíamos juntos.
2. Turnos, pues íbamos poniendo piezas alternadamente.
3. Que siguiera instrucciones.
4. Esperar.
5  Tolerancia a la frustración, cuando no podía encajar las piezas fácilmente.


Además practicábamos letras, números, colores, formas, animales o vocabulario, dependiendo de los motivos de cada rompecabezas.

Contrario a lo que podría pensarse, aunque se aprendía de memoria estos rompecabezas igual gozaba armándolos una y otra vez, y él mismo les aplicaba dificultad, empezando por distintos lados, por ejemplo.

Le gusta esto de encajar, de buscar que las piezas se ajusten entre ellas, de probar una y otra pieza entre sí.

Nos ha visto hacerlo cuando hemos tenido algún rompecabezas grande, aunque hace tiempo no tenemos tiempo para eso.

Este fin de semana su madrina, Ximena, le regaló un rompecabezas más grande y del Espacio.
Es el más grande que ha tenido en sus manos y decidimos armarlo hoy.

Para empezar, desocupamos la mesa del comedor y sacamos todas las piezas.

Entonces reunimos todas las que correspondían al contorno.

Mi ayuda consistió en apoyarlo en buscar todas las piezas del contorno y dentro de ellas subagruparlas por tonos y colores.

Una vez que las teníamos separadas le dije que empezáramos a encajar, y avanzamos algo.

Toda esta primera etapa fue en abstracto, solo mirando las piezas, colores, formas y tonos.



Cuando dejamos de avanzar, saqué el poster que traía el rompecabezas
para que pudiera guiarse mejor y así fue.

Con el dibujo comenzó a manejar mejor las piezas y los encajes.

Así fuimos avanzando, yo comenzaba a formar partes, por ejemplo un planeta, y luego se lo pasaba para que él lo terminara.

O, le apuntaba algún dibujo y le decía "ya, busquemos la nave espacial" por ejemplo. O el satélite, o el cometa. Y enseguida él comenzaba a buscar las piezas y a armar.



No lo hizo solo. No, era difícil para él.

Se frustró en algunos instantes. Si, pero yo seguía intentando armar, y él se volvía a entusiasmar.

Me dijo que estaba aburrido y/o cansado. Sí, pero como yo seguía armando volvió a entusiasmarse una y otra vez.





Terminó el rompecabezas prácticamente sólo.

Cuando ya quedaban pocas piezas para él fue un desafío terminar.

Fue una entretenida tarde, nos divertimos, nos reímos, me asombré, y lo disfruté!







Creo que ya encontré a mi compañero
para el próximo 1000 piezas!








domingo, 14 de agosto de 2016

Mamá, escucha el ruido de la noche

Muchas veces Fernando se tapa los oídos.

Generalmente es por el ruido, o eso creía yo.

Lo hace cuando entramos a un baño y alguien usa el secador de manos.
Lo hizo una vez cuando fuimos a una cafetería y prendieron la cafetera.
Lo hace cuando estamos en la calle y un autobús o un auto toca la bocina.
Lo hace cuando está en mi oficina y se activa mi impresora.
Y así en variadas ocasiones.

Que es lo raro?
Lo raro no es que se tape los oídos por el ruido.
Yo podría entender claramente que le molesten los ruidos, pero no siempre responde igual a los mismos estímulos, es decir, a veces usamos el secador de manos de los baños y no se tapa los oídos.

Es más, la primera vez que entramos a un baño y no hizo el gesto yo estaba feliz, pensé que lo habíamos superado, jajaja. Pero luego en ocasiones ha vuelto a hacerlo.
Será que a veces es mayor su sensibilidad?

También se tapa los oídos cuando estamos en una tienda y hay mucha gente, tal vez el murmullo incesante lo perturba. Ese murmullo que nosotros no sentimos, del que automáticamente nos aislamos sin que nos moleste.

La ultima vez que lo hizo íbamos entrando a un café. Alrededor de las 19:00 horas, una tarde mas bien helada. En el lugar tenían una estufa de pie, de estas que ponen entre las mesas para dar calor y se puede ver la llama dentro del vidrio.

La vio e inmediatamente tapó sus oídos, le pregunté que pasaba, no había ningún ruido evidente, por el contrario, es un barrio tranquilo y había muy poca gente.
Me dijo "mamá, escucha el ruido de la noche, es muy fuerte y me da miedo"
Apuró el paso y entramos al café. Liberó sus manos y ya no hablamos del asunto.
Cuando salimos de ahí, y debíamos pasar nuevamente por la estufa volvió a hacerlo, pero ya sin temor.

Raro. Ojalá algún día pueda entenderlo.

Por lo pronto algo investigué, y les dejo este extracto del libro LA RAZON POR LA QUE SALTO.

¿Por qué os tapáis los oídos los autistas? ¿Es porque hay demasiado ruido?
"Hay algunos ruidos que vosotros no notáis, pero que a nosotros nos llegan. No entendéis cómo nos afecta eso; no es que nos taladren los nervios, es que nos da miedo perder la noción del tiempo si nos quedamos escuchando.
En momentos así, es como si el suelo se tambaleara a nuestros pies y todo lo que nos rodeara se nos viniera encima; es absolutamente aterrador.
Taparnos los oídos es una medida para protegernos y recuperar el control de la situación. Lo más importante es que aprendamos a sentirnos seguros también en presencia de esos ruidos".
Naoki Higashida


jueves, 4 de agosto de 2016

Las salchi papas

Cuando comenzamos a salir con Mario, nos gustaba salir a almorzar o a cenar afuera.
Entonces, comenzamos nuestra Ruta del Chef, que nos ha permitido conocer distintos restaurantes en la ciudad y fuera de ella.
Cuando Fernando nació, nos prometimos que él no sería  un obstáculo para seguir haciendo nuestra vida de siempre, al contrario, sería nuestro compañero de aventuras, o sea, la ruta del chef se mantenía a toda costa.
Así, de pequeñito, lo acostumbramos a ir con nosotros a almorzar y a cenar a distintos restaurantes y nunca ha sido un problema para él, por el contrario, goza con estas salidas, las espera y las pide.

Entramos al restaurante, inmediatamente busca una silla, ideal si es de bebé. Lo hace sentir más cómodo estar más alto y resguardado que si se sienta en una silla normal.
En seguida pide la carta. Si el mozo las entrega y a él no le pasa la suya, reclama, se enoja, se amurra, pero hemos tenido suerte, generalmente le pasan su carta. Entonces la abre y la revisa, hoja por hoja, buscando en el menú que pedir.
Fernando no lee, o por lo menos eso creemos, pero seguramente busca imágenes o disfruta viendo las letras, mientras estudia la carta como lo hacemos nosotros, buscando el plato preferido.

Una vez que se decide o el mozo nos hace el pedido, Fernando siempre dice:
"Tiene salchipapas?" o "Yo quiero unas salchipapas" y agrega "Me trae una coca cola, por favor".

Nosotros no necesitamos hacer su pedido, él lo tiene claro. Si solicitamos que le den prioridad a su plato, mientras menos espere es mejor, porque la ansiedad y la espera siempre son malas compañeras.

Una vez que se lo traen lo disfruta hasta el final, hasta que queda vacío.

En que nos ayuda?
Lo acostumbramos a distintos lugares, a distintos espacios, a distintos ambientes y distintas personas. Incluso, a ruidos, músicas y olores diferentes.

Cuando la salchipapas no está dentro del menú se enoja, se irrita, se descompensa. Siempre es igual. La primera vez que nos pasó, nos fuimos del restaurante y buscamos otro que si las tuviera.
La segunda vez buscamos alternativa en la carta; pollo papas.
Una vez nos trajeron pollo crispy, un fracaso.
Ahora sabemos que debemos pedirlo a la plancha.
Una vez lo trajeron bien cocido, con las marcas de la parrilla, otro fracaso.
Ahora sabemos que debemos pedirlo a la plancha y lo mas blanco que sea posible.
Pero el pollo remplaza a las salchichas sin problema.

Fernando se siente cómodo si salimos a almorzar o a comer afuera, le gusta, se porta bien.
Tiene ya sus lugares preferidos y busca incluso las mismas mesas, pero no le damos el gusto, la idea es siempre quebrar sus esquemas, y lograr que no le moleste.

Es nuestro compañero de aventura.