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jueves, 4 de agosto de 2016

Las salchi papas

Cuando comenzamos a salir con Mario, nos gustaba salir a almorzar o a cenar afuera.
Entonces, comenzamos nuestra Ruta del Chef, que nos ha permitido conocer distintos restaurantes en la ciudad y fuera de ella.
Cuando Fernando nació, nos prometimos que él no sería  un obstáculo para seguir haciendo nuestra vida de siempre, al contrario, sería nuestro compañero de aventuras, o sea, la ruta del chef se mantenía a toda costa.
Así, de pequeñito, lo acostumbramos a ir con nosotros a almorzar y a cenar a distintos restaurantes y nunca ha sido un problema para él, por el contrario, goza con estas salidas, las espera y las pide.

Entramos al restaurante, inmediatamente busca una silla, ideal si es de bebé. Lo hace sentir más cómodo estar más alto y resguardado que si se sienta en una silla normal.
En seguida pide la carta. Si el mozo las entrega y a él no le pasa la suya, reclama, se enoja, se amurra, pero hemos tenido suerte, generalmente le pasan su carta. Entonces la abre y la revisa, hoja por hoja, buscando en el menú que pedir.
Fernando no lee, o por lo menos eso creemos, pero seguramente busca imágenes o disfruta viendo las letras, mientras estudia la carta como lo hacemos nosotros, buscando el plato preferido.

Una vez que se decide o el mozo nos hace el pedido, Fernando siempre dice:
"Tiene salchipapas?" o "Yo quiero unas salchipapas" y agrega "Me trae una coca cola, por favor".

Nosotros no necesitamos hacer su pedido, él lo tiene claro. Si solicitamos que le den prioridad a su plato, mientras menos espere es mejor, porque la ansiedad y la espera siempre son malas compañeras.

Una vez que se lo traen lo disfruta hasta el final, hasta que queda vacío.

En que nos ayuda?
Lo acostumbramos a distintos lugares, a distintos espacios, a distintos ambientes y distintas personas. Incluso, a ruidos, músicas y olores diferentes.

Cuando la salchipapas no está dentro del menú se enoja, se irrita, se descompensa. Siempre es igual. La primera vez que nos pasó, nos fuimos del restaurante y buscamos otro que si las tuviera.
La segunda vez buscamos alternativa en la carta; pollo papas.
Una vez nos trajeron pollo crispy, un fracaso.
Ahora sabemos que debemos pedirlo a la plancha.
Una vez lo trajeron bien cocido, con las marcas de la parrilla, otro fracaso.
Ahora sabemos que debemos pedirlo a la plancha y lo mas blanco que sea posible.
Pero el pollo remplaza a las salchichas sin problema.

Fernando se siente cómodo si salimos a almorzar o a comer afuera, le gusta, se porta bien.
Tiene ya sus lugares preferidos y busca incluso las mismas mesas, pero no le damos el gusto, la idea es siempre quebrar sus esquemas, y lograr que no le moleste.

Es nuestro compañero de aventura.


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