Una de las características que Fernando presentaba cuando era pequeño es que no tenía juego simbólico.
No jugaba con sus juguetes creando historias o ficción, simplemente los alineaba, los apilaba, y en el caso de los autos, daba vueltas y vueltas las ruedas.
El juego simbólico es la capacidad de simbolizar, es decir, crear situaciones mentales y combinar hechos reales con hechos imaginativos. Este tipo de juegos es muy importante, debido a que el lenguaje también está presente en ellos.
- Permite al niño representar situaciones mentales reales o ficticias.
- Favorece la comprensión y asimilación del entorno del niño.
- Desarrolla su lenguaje.
- Contribuye con su desarrollo emocional.
- Desarrolla su capacidad imaginativa.
- Permite en el futuro un juego colectivo y con reglas.
- Progresivamente, el juego va transformándose y asemejándose a la realidad.
Esto lo alejaba de sus compañeros de jardín, porque no se integraba en las historias que creaban los otros.
Una de las neurólogas que lo vio nos sugirió que le compráramos animales, grandes, vistosos, y que con ellos le ayudáramos a crear historias. Lo hice, busqué los mas grandes. Un elefante, una jirafa, un caballo, un león. Se los pasé y le dije que jugáramos a la selva, que repitiéramos los sonidos... y nada. Nunca los tomó. Finalmente los regalamos.
Pero no nos rendimos, seguimos intentándolo con otros objetos, con otros lugares, con otras ideas. Especialmente con autos o con el espacio, que era lo que más le llamaba la atención.
Cada vez que veía un dibujo animado insistíamos en la forma de jugar, en las historias que contaban. O cuando me ayudaba a ordenar su pieza, tomábamos los juguetes y creábamos un poco de ficción intentando llamar su atención.
Sus terapeutas, Carla y Maka también lo hacían.
Era especialmente divertido escuchar en terapia ocupacional cuando Maka trabajaba la vestibulación, sus historias de astronauta, sobre una nave que en medio del espacio, huía de asteroides y cometas; o sus historias de barcos piratas.
Algo de eso funcionó, en algún momento Fernando despertó a la imaginación y comenzó a crear historias. En todo momento, con cualquier cosa. Y las verbaliza en voz alta. Es un sueño escucharlo.
Ver como aun alinea sus juguetes, pero ahora con sentido, relatando acciones, dificultades, riendo o preocupándose. Los mezcla, los separa, pero con lenguaje y contexto. Como si en su cabeza hubiera millones de historias enredadas (bueno, como las hay también en la mía).
Ayer fuimos a un cumpleaños, se subió a la cama elástica y había un globo amarillo, inmediatamente nos dijo:
Papá, mamá, les presento a mi amigo globo. El tiene 5 años igual que yo y le gusta saltar igual que a mí.
Yo le he enseñado algunos trucos.
Y comenzó a mostrarnos piruetas con el globo.
Le hice preguntas, insistí en la historia y él la fue rellenando de nuevos elementos.
Su imaginación es exquisita y me encanta!
Cuando quiso irse a casa llevaba a Globo, al llegar al estacionamiento se le escapó de las manos y se fue bajo los autos. Tal vez lo más lógico hubiera sido irnos, llevaba otro globo azul en forma de espada, pero vi su cara y entendí que debíamos buscarlo. Era su amigo Globo.
Mario sin pensarlo se tiró al suelo y logró rescatar a Globo, me lo entregó y en un movimiento absurdo lo reventé. El gesto de Fernando era indescriptible. Tuve miedo de que se descompensara y traté de explicarle que había sido un accidente. Me preguntaba porque se había reventado si era su amigo. No estaba triste ni desesperado, pero si contrariado.
En ese momento Claudia, una de las invitadas al cumpleaños le dijo Te traeré otro y solo atiné a decirle que fuera amarillo.
Nos subimos al auto y no quería que cerráramos las puertas hasta que Globo llegara, y así fue. Claudia trajo a un globo nuevo, igual al anterior y entonces nos devolvimos a casa con él sentado en el auto junto a Fernando.
Tal vez si nos hubiéramos ido sin Globo no hubiera pasado nada, tal vez sí, no lo se, pero cuando llegamos a casa le presentó Globo a sus abuelos. La historia continuaba.
Me quedó dando vuelta otra cosa.
Cuando Claudia me entregó el segundo globo y le di las gracias (yo aun tenía culpa de haber reventado el primero después del esfuerzo que Mario había hecho para recuperarlo) me dijo
No te preocupes, conozco a tu hijo, y se que a estos niños hay cosas que pueden complicarlos.
Amé eso de ella. Pues no tiene más relación con el autismo que lo que conoce gracias a nuestras publicaciones, el trabajo de su hermana y amigas en común con hijos con autismo como el mío, pero su empatía fue sin límite.
Ojala vayamos encontrando muchas Claudias en nuestras vidas.
Ojalá Fernando siempre pueda contar con ellas.








