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jueves, 15 de septiembre de 2016

Atletismo

Fernando siempre ha sido bueno para correr, le gusta.

Cuando estaba pequeñito se nos escapaba constantemente.

Bastaba con que se nos soltara un segundo y comenzaba
a correr sin rumbo y bastante rápido.



Por esta razón decidimos usar con él una mochila
con tirantes con la que lo manteníamos controlado.

Fuimos criticados porque "parecía perro"
(así nos dijeron varias veces), pero era lo más seguro.

En febrero de este año estábamos en el aeropuerto y se arrancó, lo perseguí, pero lo perdí. Cayó de una escalera mecánica.

Gracias a Dios ese accidente no pasó a mayores, solo contusiones y un gran susto para ambos.

A partir de ese día dejó de escapar y dejamos de usar el tirante. Pero no dejó de correr.

En casa, en la playa, en el parque, en cualquier lugar abierto aun lo hacía sin parar.

En abril vimos la película Los Increíbles y Fernando descubrió a Dash, entonces comenzó a identificarse con él y su gusto por correr se acrecentó.


Cómo a mí me gusta trotar, comencé a salir con él.

Y participamos en algunas carreras familiares,
las que terminamos corriendo, trotando
o caminando, pero llegamos a la meta.

Hace dos meses en la OID nos inivitaron a participar en competencias
de Atletismo en los Juegos Paralímpicos.

Carreras de 100 y 50 mts planos.



Esto era más complejo, significaba qué siguiera instrucciones,
que aprendiera reglas a seguir,
que respetara turnos,
que compitiera y aprendiera a no frustrarse o enojarse si no ganaba.

Lo inscribimos.

Practicamos durante dos meses, todos los sábados,
en un taller en que el tío Sebastián le enseñó cosas básicas
y lo acostumbró a correr de un lado a otro
en forma ordenada.


Finalmente corrió en las competencias y lo hizo muy bien,
y aunque no ganó el primer lugar, no se frustró,
no se enojó, por el contrario, terminó feliz.




8 de septiembre 2016
Medalla 2° lugar en 50 mts.
Medalla 3° lugar en 100 mts.

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