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sábado, 27 de junio de 2020

Credencial de Discapacidad y el miedo a encasillar

Cuando supimos que Fernando estaba en el espectro autista inmediatamente decidimos que debíamos contárselo a nuestras familias.
También lo dijimos en el jardín y a nuestros conocidos.
Era importante hablar del tema, que supieran de Autismo, que conocieran el diagnóstico.
Creíamos que así podrían entender sus conductas, sus características, sus necesidades de apoyo.
Mario comenzó a hacer redes, con amigos, conocidos, doctores, profesionales del área, asi llegamos, por el amigo del amigo, a Casaterapia.
Para mi hablar era mi catarsis.
Era soltar,
Era desahogarme y cada vez dolía menos y aceptaba más.
Entendí que hablando con otras madres o familias podía entender y aprender más de lo que estábamos viviendo.
Comprendí que hablando con otras madres o familias podía compartir con ellas lo que estábamos viviendo.
Habían pasado un par de meses cuando nos hablaron de la credencial de discapacidad.
No sabíamos lo que era.
Un carnet, una credencial, que servía para conseguir algunas cosas, estacionamiento exclusivo, ayudas técnicas, ayudas económicas, ayuda legal.
Decidimos averiguar.
La neuróloga nos dijo que no era necesario, que el diagnostico de Fernando no implicaba una discapacidad, pero esa era su visión, no la nuestra.
Fernando casi no hablaba, no se comunicaba, no seguía instrucciones, no obedecía a los llamados y era escapista. Además hacia crisis difíciles de controlar, con mucho grito y llanto, muchas veces en público.
Hicimos el trámite y contrario a lo que decía su doctora, Fernando alcanzo un porcentaje de discapacidad que hacía meritorio que obtuviera su credencial de discapacidad y fuera ingresado al registro correspondiente.
Para nosotros fue un alivio.
Sabíamos que ahora tenia cobertura, un respaldo, ante situaciones de discriminación en las que por su diagnóstico pudiera verse envuelto.
Un día estábamos en el aeropuerto y Fernando escapó. Era tan rápido que no pude alcanzarlo y en cosa de segundos estaba subiendo la escalera mecánica. Estaba pequeñito, perdió el equilibrio y cayó por la escalera sin parar, golpeándose por mucho rato. Cuando logré tomarlo en mis brazos y detener la caída, me vi rodeada de personas y guardias, todos murmuraban, me cuestionaban. Saqué la credencial de Fernando, la exhibí y sentí que entendieron que aquí había algo más que un simple descuido de mi parte.

La credencial también nos ha permitido luchar por los derechos de Fernando con un respaldo, el respaldo de su diagnóstico reconocido en el registro nacional de discapacidad, que es un registro privado.

Miedo a encasillarlo?
Ninguno.
Fernando tiene autismo, con o sin credencial de discapacidad.
Fernando tiene autismo, siendo parte o no del registro nacional de discapacidad.

Nadie tiene acceso a ese dato a menos que él o nosotros exhibamos su credencial y seguimos sintiendo que lo respalda, le da un piso para ir por más, para que en su día a día pueda exigir igualdad.




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