Cuando Fernando era pequeño no tomaba los lápices, cuando se los pasábamos los tiraba al suelo, lejos.
En el jardín su cuaderno de apresto no era una entretención, hacer trazos y líneas, tareas imposibles, agotadoras. Sabía que debía hacerlo, así que busque métodos alternativos, plantillas plastificadas, en las que practicaba con plumones de punta gruesa y luego podía borrar para intentarlo de nuevo.
Al llegar a primero básico conoció la caligrafía y no pudo con ella.
El Caligrafix se convirtió en una tortura y decidimos que no lo trabajara, pero diseñé para él un cuaderno para que aprendiera a escribir en imprenta. Copié una a una las páginas de su caligrafix, pero en imprenta, con solo dos líneas para que trabajara su escritura, y lo fue completando, de a poco, y con menos esfuerzo que si hubiéramos exigido la letra cursiva.
Con la ayuda de la Eimy, su psicopedagoga, trabajo con el porte de las letras, que estas se ajustaran a una línea y a los márgenes de una hoja.
Poquito a poquito lo logró, aunque la escritura en espejo se mantenía, y también la poca costumbre de separar las palabras.
Los lápices ya eran sus amigos, había comenzado a dibujar y a pintar con ellos, descubrió lo entretenidos que eran.
Comenzó a escribir, lento y con dificultad, pero lo hacía.
Desde segundo a cuarto año básico avanzó mucho más en la escritura.
Mejoró su rapidez y comenzó a separar las palabras, permitiendo que sus textos fueran más legibles.
En el colegio su Miss aplicó una adecuación curricular, no solo le permitían escribir en imprenta, sino que nos pidió una pizarra pequeña en la que le escribía solo a él las instrucciones en imprenta, mientras el resto de la clase las seguía recibiendo en cursiva, desde la pizarra principal.
Llegando a quinto básico decidió usar su caligrafix, y comenzó a escribir en cursiva.
Comenzamos aprendiendo las letras, en minúscula y mayúscula, aprendiendo sus formas y trazos.Al llegar del colegio, completaba de una a dos hojas diarias, con mucha dificultad y un gran esfuerzo.
Le compramos un llavero con las letras, para que pudiera consultarlas, y poco a poco le fue gustando la escritura en cursiva, pero solo para trabajar en caligrafix.
En sus cuadernos y pruebas sigue usando imprenta, y en el colegio se lo permiten.
Le quedan muy pocas letras y números en espejo y se esfuerza a diario por trabajar en ello, solo nos falta lograr que separe más las palabras, generalmente lo hace, pero en ocasiones lo olvida, y cuesta leer lo que escribe, pero menos que antes.
Fernando tuvo su tiempo, comenzó a escribir cuando se sintió cómodo, y tuvo su espacio para decidir que era lo mejor para él.




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